domingo, 22 de noviembre de 2015

Enfermedades causadas por: Virus , Bacterias y Parásitos

Virus, Bacterias y Parásitos.

EnfermedadesVirales

Hepatitis B




Consideraciones generales:
Hepatitis significa inflamación del hígado. Inflamación es la hinchazón dolorosa y de color rojo que ocurre cuando los tejidos del cuerpo se infectan o lesionan. La inflamación puede causar que los órganos no funcionen adecuadamente.
El hígado es un órgano que desempeña muchas funciones importantes:

• Elimina sustancias químicas dañinas de la sangre

• Combate las infecciones
• Ayuda a digerir los alimentos
• Almacena nutrientes y vitaminas
• Almacena energía
• Usted no puede vivir sin hígado.

Agente causal:
La hepatitis B es causada por un virus del género Orthohepadnavirus perteneciente a la familia Hepadnaviridae conocido con el nombre de virus de la hepatitis B (VHB). El virus tiene aproximadamente 42 nm de diámetro con un ADN que es parcialmente de doble cadena de unos 3200 pb de largo encapsulado por una cápside, el cual está a su vez cubierta por una envoltura viral rodeado por lípidos y proteínas incrustadas en su superficie. La proteína viral de superficie (HBsAg) tiene tres formas principales, L, M y S.

El virus de la hepatitis B consta de ocho genotipos (A-H), los cuales se distribuyen de forma desigual geográficamente.



Epidemiología:
La hepatitis B es endémica en China y otras zonas de Asia. La mayoría de las infecciones se producen en esa región durante la infancia, y el 8%-10% de la población adulta está infectada de forma crónica. El cáncer hepático causado por la hepatitis B es una de las tres primeras causas de cáncer en el hombre, y también es una causa importante de cáncer en la mujer en esa región.
También hay tasas elevadas de infección crónica en la cuenca del Amazonas y en el sur de Europa oriental y central. Se calcula que un 2%-5% de la población general de Oriente Medio y del subcontinente indio padece infección crónica. En Europa occidental y Norteamérica, la población con infección crónica no llega al 1%.
Se calcula que en el mundo hay unos 2000 millones de personas infectadas por el VHB y más de 350 millones con infección hepática crónica. Cada año mueren unas 600 000 personas a causa de los efectos agudos o crónicos de la hepatitis B.


Contagio:
El virus de la hepatitis B se propaga a través de la sangre y otros fluidos corporales. La infección se puede presentar si la persona:

• Recibe transfusiones de sangre.

• Tiene contacto con sangre en escenarios de atención médica.
• Se ha sometido a tatuajes o acupuntura con instrumentos contaminados.
• Ha compartido agujas al consumir drogas.
• Ha tenido relaciones sexuales sin precaución con una persona infectada

El virus de la hepatitis B se le puede transmitir a un bebé durante el parto o poco después si la madre está infectada.
El riesgo de llegar a infectarse de manera crónica depende de la edad de la persona en el momento de la infección. La mayoría de los recién nacidos y alrededor del 50% de los niños infectados con hepatitis B desarrollan hepatitis crónica. Sólo unos pocos adultos infectados con VHB desarrollan dicha afección crónica.
La trasmisión más frecuente en los países en desarrollo puede ser:
• Perinatal (de la madre al recién nacido durante el parto);

• Infecciones en la primera infancia (infección que pasa desapercibida por contacto estrecho con personas infectadas en el hogar);

• Prácticas de inyección peligrosas;
• Transfusiones con sangre contaminada;
• Relaciones sexuales sin protección.

En muchos países desarrollados (por ejemplo, los de Europa occidental y Norteamérica), las características de la transmisión son diferentes a la de los países en desarrollo. En los primeros la mayoría de las infecciones se transmiten entre adultos jóvenes por contacto sexual o consumo de drogas inyectables. El VHB representa un importante riesgo laboral para los profesionales sanitarios.
El VHB no se transmite por alimentos o agua contaminados, y tampoco en contactos ocasionales en el lugar de trabajo.
Un 90% de los lactantes infectados en el primer año de vida sufren infección crónica; un 30% a 50% de los niños infectados entre el año y los cuatro años desarrollan infección crónica.


En los adultos:

Un 25% de los adultos con infección crónica adquirida en la infancia mueren de cirrosis o cáncer hepático relacionados con el VHB;

Un 90% de los adultos sanos infectados por el VHB se recuperan y se ven completamente libres del virus en un plazo de seis meses.

Usted no puede contraer la hepatitis B al:
• Estrecharle la mano a una persona infectada

• Abrazar a una persona infectada

• Sentarse junto a una persona infectada.



Patogenia:
La mayor parte del daño del virus de la hepatitis B se debe a la respuesta del cuerpo a la infección. Cuando la respuesta inmunitaria del cuerpo detecta la infección, envía células especiales para combatirla. Sin embargo, estas células que combaten la enfermedad pueden llevar a la inflamación del hígado. El daño hepático también interfiere con la capacidad del cuerpo para deshacerse de la bilirrubina, un producto de la descomposición de glóbulos rojos viejos. Esto lleva a que se presente ictericia (coloración amarillenta de los ojos y del cuerpo) y orina turbia (coluria).
Incubación:
El periodo de incubación medio es de 90 días, pero puede oscilar entre 30 y 180. El virus se puede detectar a los 30-60 días de la infección y persiste durante un periodo de duración variable.
Síntomas:
La hepatitis B usualmente no presenta síntomas. Los adultos y los niños de 5 años en adelante algunas veces presentan uno o más de los siguientes síntomas:

Color amarillento de los ojos y la piel, llamado ictericia

El sangrado demora más tiempo de lo normal en detenerse
Hinchazón del abdomen o los tobillos
Moretones que aparecen fácilmente
Cansancio
Malestar estomacal
Fiebre
Pérdida de apetito
Diarrea
Heces blancuzcas
Orina turbia y amarillenta

La hepatitis B es crónica cuando el cuerpo no puede deshacerse del virus de la hepatitis B. Los niños sobre todo, especialmente los lactantes, tienen mayor probabilidad de contraerla. La hepatitis B crónica usualmente no presenta síntomas hasta que aparecen signos de daño al hígado. Sin un tratamiento, puede causar cicatrización del hígado, también llamada cirrosis, cáncer de hígado e insuficiencia hepática.

Diagnóstico:
Se hacen los siguientes exámenes para ayudar a diagnosticarla:

• Nivel de albúmina (puede estar bajo).

• Pruebas analíticas de anticuerpos contra la hepatitis B.
• Pruebas de la función hepática. Tiempo de protrombina (puede incrementarse debido a insuficiencia hepática severa)

Las pruebas permiten determinar si la infección es aguda o crónica.
El diagnóstico de laboratorio de la hepatitis B se centra en la detección del antígeno de superficie HbsAg. Un resultado positivo para ese antígeno significa que la persona sufre una infección activa (aguda o crónica). La OMS recomienda que se analice la presencia de este marcador en todas las donaciones de sangre para evitar la transmisión del virus a los receptores.
Otras pruebas:

Análisis de anticuerpos contra el antígeno de superficie del virus de la hepatitis B: un resultado positivo indica que la persona bien se ha recuperado de una infección aguda y ha eliminado el virus, o bien ha sido vacunada contra la hepatitis B. La persona está inmunizada contra la infección en el futuro y ha dejado de ser contagiosa.

Análisis de los anticuerpos contra el antígeno nuclear del virus: un resultado positivo indica que la persona ha sufrido la infección recientemente o se infectó en el pasado. Si se obtiene también al mismo tiempo un resultado positivo para el antígeno de superficie, probablemente se trate de un caso de infección crónica.
Tratamiento:
No hay un tratamiento específico contra la hepatitis B aguda. Las medidas se centran en mantener el bienestar y el equilibrio nutricional, que incluye la reposición de los líquidos perdidos por los vómitos y la diarrea.
No necesita un tratamiento diferente al monitoreo cuidadoso de la función hepática, lo cual involucra exámenes de sangre. En los casos raros en que la persona desarrolla insuficiencia hepática, se le debe monitorear en una unidad de cuidados intensivos (UCI) hasta que se recupere o hasta que sea necesario un trasplante de hígado, que es la única cura en estos casos.
El daño hepático le dificulta al hígado su capacidad de descomponer proteínas, de manera que se debe restringir la ingesta proteica. Se administrarán medicamentos para limitar la producción de proteínas por parte de las bacterias en el cuerpo.


El tratamiento de la hepatitis crónica consiste en medicamentos para tratar infecciones y reducir la inflamación y otros síntomas. Asimismo, el transplante de hígado se utiliza para tratar la enfermedad hepática por hepatitis B crónica en estado terminal.

Algunas personas con hepatitis B crónica pueden responder al tratamiento con medicamentos como antivirales e interferón. El tratamiento puede suponer un gasto anual de miles de dólares, y no está alcance de la mayoría de los pacientes en los países en desarrollo.

Los lactantes nacidos de madres que se sabe que tienen hepatitis B pueden ser tratados con anticuerpos en contra del virus de la hepatitis B, la inmunoglobulina de hepatitis B o IgHB. Cuando se administra la vacuna con el plazo de doce horas de nacimiento, el riesgo de contraer la hepatitis B se reduce un 95%. Este tratamiento permite que una madre pueda amamantar a su hijo con seguridad.
El cáncer hepático es casi siempre mortal, y suele aparece a edades en que los pacientes son muy productivos y tienen cargas familiares. En los países en desarrollo, la mayoría de los pacientes con cáncer hepático mueren a los pocos meses del diagnóstico. En los países de ingresos altos, la cirugía y la quimioterapia pueden prolongar la vida unos cuantos años.
Algunos pacientes con cirrosis reciben trasplantes hepáticos, con diverso éxito.
Cirugía:
La hepatitis B puede acabar dañando el hígado de forma irreversible, de forma que la única solución sería un trasplante.
Evolución:

La enfermedad aguda generalmente desaparece después de 2 o 3 semanas y el hígado vuelve a la normalidad en aproximadamente 4 meses.

Algunas personas infectadas desarrollan hepatitis crónica.
La hepatitis B es mortal en aproximadamente un 1% de los casos.
Complicaciones:
Existe una tasa de carcinoma hepatocelular más alta en aquellas personas que han tenido hepatitis B que en la población general.
Otras complicaciones pueden abarcar:

• Hepatitis crónica y persistente.

• Cirrosis
Prevención:
Las personas que están en alto riesgo, incluyendo los trabajadores de la salud y aquellos que conviven con alguien con hepatitis B, deben hacerse aplicar la vacuna contra la hepatitis B. Se recomienda la vacunación de todos los recién nacidos y niños que no hayan llegado todavía a la pubertad. Los bebés nacidos de madres que en el momento tengan hepatitis B aguda o que hayan tenido la infección reciben vacunas especiales que incluyen la administración de inmunoglobulina contra la hepatitis B y vacunación contra la hepatitis B en las 12 horas posteriores al nacimiento.
El examen de toda la sangre donada ha reducido la probabilidad de contraer hepatitis B en una transfusión de sangre. La notificación obligatoria de esta enfermedad permite a los trabajadores de la salud del estado rastrear a las personas que han estado expuestas al virus y vacunar a aquellos que aún no han desarrollado la enfermedad.
Se debe evitar el contacto sexual con una persona que padezca hepatitis B crónica o aguda. El uso de condones, si se hace en forma sistemática y apropiada, también puede reducir el riesgo de desarrollar esta afección.


Hepatitis A


CONSIDERACIONES GENERALES:
Hepatitis significa inflamación del hígado. Inflamación es la hinchazón dolorosa y de color rojo que ocurre cuando los tejidos del cuerpo se infectan o lesionan. La inflamación puede causar que los órganos no funcionen adecuadamente.
Función del hígado:

El hígado es un órgano que desempeña muchas funciones importantes.

Elimina sustancias químicas dañinas de la sangre.
Combate las infecciones.
Ayuda en la digestión de los alimentos.
Almacena nutrientes y vitaminas.
Almacena energía.
Usted no puede vivir sin hígado.


DEFINICIÓN:
La hepatitis A es una enfermedad viral del hígado.
FRECUENCIA:
La hepatitis A se presenta esporádicamente y en epidemias en el mundo entero, y tiende a reaparecer periódicamente. A nivel mundial, las infecciones por VHA ascienden aproximadamente a 1,4 millones de casos al año.
Es una enfermedad distribuida en todo el mundo, que afecta anualmente a alrededor 10 millones de personas. Dicha enfermedad alcanzó sus máximos picos de incidencia en los años 1961 y 1971, para casi desaparecer en la década de los 80. Sin embargo, desde entonces la tasa de incidencia de hepatitis A ha ido en aumento, unos 200.000 casos anuales, de forma que por ejemplo en países tan desarrollados como Estados Unidos, la hepatitis A supone el 25% de los casos de hepatitis y produce alrededor de 100 muertes anuales.
AGENTE CAUSAL:
El virus de la hepatitis A es una partícula sin envoltura de 27-32 nm de diámetro y pertenece a la familia de los picornavirus. Una de sus características es su estricto tropismo por el hígado donde realiza su replicación. La infección celular por picornavirus provoca la lisis de la célula infectada .Sin embargo en el caso del VHA no es necesaria la lisis celular para la liberación de las partículas infecciosas. Por este motivo se cree que la salida del VHA se produce de forma inespecífica a través de la membrana celular.
El virus de la hepatitis A es una de las causas más frecuentes de infección de transmisión alimentaria. Los virus persisten en el medio y pueden resistir los procesos de producción de alimentos usados habitualmente para inactivar y/o controlar las bacterias patógenas.
La enfermedad puede tener consecuencias económicas y sociales graves en las comunidades. Los pacientes pueden tardar semanas o meses en recuperarse y reanudar sus actividades laborales, escolares o cotidianas. La repercusión en los establecimientos de comidas contaminados por el virus y en la productividad local en general puede ser grave.




EPIDEMIOLOGÍA:
Se pueden distinguir zonas geográficas de nivel elevado, intermedio o bajo de infección por VHA:
• Zonas con altos niveles de infección:

En los países en desarrollo con condiciones de saneamiento y prácticas de higiene deficientes, la mayoría de los niños (90%) han sufrido la infección antes de los 10 años. Los infectados durante la infancia no padecen síntomas visibles. Las epidemias son poco frecuentes porque los niños más mayores y los adultos suelen estar inmunizados. En estas zonas las tasas de morbilidad sintomática son bajas y los brotes epidémicos son raros.

• Zonas con niveles intermedios de infección:

En los países en desarrollo, los países con economías en transición y las regiones con niveles desiguales de saneamiento, los niños suelen eludir la infección durante la primera infancia. Paradójicamente, esas mejoras de la situación económica y del saneamiento pueden traducirse en una mayor vulnerabilidad en los grupos de más edad y en tasas de morbilidad superiores, pues la infección afecta a adolescentes y adultos, y pueden producirse grandes brotes epidémicos.

• Zonas con bajos niveles de infección:

En los países desarrollados con buen nivel de saneamiento e higiene las tasas de infección son bajas. Puede haber morbilidad entre los adolescentes y adultos de los grupos con mayor riesgo, como los consumidores de drogas inyectables, los hombres homosexuales y las personas que viajan a zonas de alta endemicidad, así como en algunas poblaciones aisladas, por ejemplo comunidades religiosas cerradas.


RIESGOS:
Cualquier persona puede contraer la hepatitis A. Pero algunas personas son más propensas que otras, entre las que se incluyen

Cualquier persona que no haya sido vacunada o no se haya infectado antes puede contraer la hepatitis A.

En las zonas donde el virus está extendido (alta endemicidad), la mayoría de las infecciones se producen durante la primera infancia.
Las personas que viajan a países en vías de desarrollo.
Las personas que viven con alguien que tiene hepatitis A.
Las personas que usan drogas ilegales, entre las que se incluyen drogas no inyectables.
Entre los elementos de riesgo cabe citar los siguientes:
• Saneamiento deficiente
• Falta de agua salubre
• Drogas inyectables
• Convivencia con una persona infectada
• Relaciones sexuales con una persona con infección aguda por VHA.



CONTAGIO:
Esta enfermedad se transmite por medio de las comidas o de las aguas contaminadas o el contacto con personas infectadas en el momento.
Se puede contraer la hepatitis A mediante el contacto con las heces de una persona infectada.

• Comer alimentos preparados por alguien con hepatitis A que no se lavó las manos después de usar el baño

• Beber agua contaminada o ingiere alimentos lavados con agua contaminada.
• Meter en la boca los dedos o un objeto que estuvo en contacto con las heces infectadas de una persona con hepatitis A.
• Tener contacto personal cercano con una persona infectada, ya sea mediante relaciones sexuales o al cuidar de alguien que contrajo hepatitis A.

La enfermedad está estrechamente asociada a la falta de agua potable, un saneamiento deficiente y una mala higiene personal.
Las epidemias asociadas a alimentos o agua contaminados pueden aparecer de forma explosiva, como la epidemia registrada en Shangai en 1988, que afectó a unas 300 000 personas.
No hay contagio de:

• Alguien que estornuda o que esta tosiendo cerca de usted.

• Sentarse junto a una persona con hepatitis A
• Abrazar a una persona infectada




Incubación:

El virus de la hepatitis A se aloja en las heces de una persona infectada durante el período de incubación de 15 a 45 días antes de que se presenten los síntomas y durante la primera semana de la enfermedad. La sangre y las secreciones corporales también pueden ser infectantes.
SÍNTOMAS:
Tienen carácter moderado o grave y comprenden:

• fiebre,

• malestar,
• pérdida de apetito,
• diarrea,
• náuseas,
• molestias abdominales,
• coloración oscura de la orina (coluria),
• ictericia (coloración amarillenta de la piel y la esclerótica ocular).

Los infectados no siempre presentan todos esos síntomas.

Los adultos desarrollan signos y síntomas con mayor frecuencia que los niños, y la gravedad de la enfermedad, así como la mortalidad, aumentan con la edad. Los menores de seis años infectados no suelen tener síntomas apreciables, y solo el 10% muestran ictericia. Entre los niños más mayores y los adultos la infección suele causar síntomas más graves, con ictericia en más del 70% de los casos.

Los síntomas asociados con la hepatitis A son similares a los de la gripe, pero la piel y los ojos se tornan amarillos (ictericia), debido a que el hígado, por la inflamación, no es capaz de filtrar la bilirrubina de la sangre.
Los niños menores de 6 años por lo general no presentan síntomas. Los niños de mayor edad y los adultos usualmente presentan síntomas leves parecidos a los de la gripe o influenza.
A diferencia de las hepatitis B y C, la hepatitis A no causa hepatopatía crónica y rara vez es mortal, pero puede causar síntomas debilitantes y hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda), que se asocia a una alta mortalidad.
El virus de la hepatitis A no permanece en el cuerpo después de que la infección se ha resuelto y no hay estado de portador (una persona o animal que disemina la enfermedad a otros pero que no resulta enfermo).
DIAGNÓSTICO:
En el examen físico del abdomen, el médico puede descubrir un agrandamiento y sensibilidad del hígado.
En sangre se encontrarán disminuidos los linfocitos y elevadas las transaminasas y la bilirrubina. En orina aparecerá aumentada también esta última o sus derivados.

Los análisis de sangre indicarán si es hepatitis A o algún otro tipo de hepatitis.

Diagnóstico diferencial:
Otras infecciones comunes por el virus de la hepatitis son la hepatitis B y de la hepatitis C, pero la hepatitis A es la menos grave y la más leve de estas enfermedades. De hecho, la hepatitis A, a diferencia de las otras dos, no se vuelve crónica.
TRATAMIENTO:
No existe un tratamiento específico para la hepatitis A, pero se recomienda al paciente estar en reposo durante la fase aguda de la enfermedad, cuando los síntomas son más severos. Además, las personas con hepatitis aguda deben evitar el consumo de alcohol y cualquier sustancia que sea tóxica para el hígado, incluyendo el acetaminofén
Las comidas grasosas pueden causar vómitos debido a que las secreciones del hígado que se necesitan para digerir las grasas están disminuidas y lo mejor es evitarlas durante la fase aguda.
Más del 85% de las personas con hepatitis A se recuperan en un período de tres meses y más del 99% se recuperan dentro de un período de 6 meses.

La hepatitis A usualmente mejora sin tratamiento alguno en pocas semanas. Descansar mucho y evitar bebidas alcohólicas ya que causan problemas al hígado. El médico le puede recetar medicamentos para aliviar los síntomas o le hará saber qué medicamentos deberá evitar.

Al recuperarse, el cuerpo habrá aprendido a combatir futuras infecciones de hepatitis A. De todas formas, aún así puede contraer otros tipos de hepatitis.
Generalmente no hay complicaciones.
PREVENCIÓN:
La transmisión del virus se puede prevenir evitando agua y alimentos que puedan no estar limpios, y mediante un lavado cuidadoso de las manos después de usar el sanitario, así como con una limpieza minuciosa si hay algún contacto con la sangre, las heces o cualquier líquido corporal de una persona afectada.
Las personas que permanecen en guarderías o en instituciones en las que están en contacto cercano con otras personas pueden ser más susceptibles a la rápida transmisión de la hepatitis A. Sin embargo, un lavado minucioso de las manos y buenos hábitos de higiene antes y después de cada cambio de pañal, antes de servir los alimentos y después de usar el sanitario pueden ayudar a prevenir epidemias institucionales.
La inmunoglobulina se debe administrar a todos los que están en contacto cercano con personas con hepatitis A.
Las personas que se deben vacunar son, entre otras, las siguientes:
Aquellas que viajen a áreas o países con niveles altos de hepatitis A. También los drogadictos y aquellas que padezcan la infección crónica de hepatitis B ó C
La vacuna contra la hepatitis A se aplica mediante dos inyecciones. La segunda inyección se administra de 6 a 12 meses después de la primera inyección. Se requieren ambas inyecciones para estar totalmente protegido del virus.

Todos los niños deben recibir la vacuna y haber cumplido al menos 12 meses de edad para recibir la primera inyección.

Los adultos corren mayor riesgo de contraer la hepatitis A y las personas con enfermedad crónica del hígado también se deben vacunar.
Si usted tiene planeado viajar a países donde la hepatitis A es común, trate que le administren ambas inyecciones antes de su viaje. Si usted no tiene tiempo para recibir ambas inyecciones antes del viaje, haga que le administren la primera inyección lo antes posible.

La mayoría de personas desarrollan cierta protección en las primeras 2 semanas luego de la primera inyección.

Usted puede protegerse a sí mismo y proteger a los demás de la hepatitis A de las siguientes maneras:

Siempre lávese las manos con agua tibia enjabonada después de ir al baño, cambiar pañales y antes de preparar alimentos o comer.

Cuando visite un país en vías de desarrollo, use agua embotellada para beber, hacer cubitos de hielo y lavar frutas y verduras.
La mejora del saneamiento, la inocuidad de los alimentos y la vacunación son las medidas más eficaces para combatir la hepatitis A.
La propagación de la hepatitis A puede reducirse mediante:

• Sistemas adecuados de abastecimiento de agua potable

• Eliminación apropiada de las aguas residuales de la comunidad
• Prácticas de higiene personal tales como el lavado regular de las manos con agua salubre.

No hay ninguna vacuna autorizada para niños menores de un año.

Al cabo de un mes de haber recibido una sola dosis de la vacuna, casi el 100% de las personas habrá desarrollado niveles protectores de anticuerpos. Incluso después de la exposición al virus, una dosis de la vacuna dentro de las dos semanas posteriores al contacto con el virus tiene efectos protectores. Aun así, los fabricantes recomiendan dos dosis de la vacuna para garantizar una protección a más largo plazo, de entre cinco y ocho años.

Millones de personas han sido vacunadas en todo el mundo y no han sufrido efectos adversos graves. La vacuna se puede administrar en el marco de los programas ordinarios de vacunación infantil y puede emplearse junto con otras vacunas administradas a los viajeros

Sarampión


DEFINICIÓN:
El sarampión es una enfermedad infecciosa, febril y contagiosa producida por un virus de la familia paramixovirus, que se caracteriza por un sarpullido (exantema en términos médicos) que comienza en la cara y se va extendiendo hacia el cuerpo y las extremidades.
CONTAGIO:
Se transmite por vía respiratoria, o sea, a través de los estornudos y la tos. Afecta sobre todo a niños o adultos jóvenes, aunque, afortunadamente, desde el comienzo de la vacunación la enfermedad es cada vez menos frecuente en países como el nuestro.

Se puede transmitir desde tres días antes de iniciar la fiebre y la tos, y hasta cuatro días después de que aparece la erupción o exantema.


SÍNTOMAS:
Después de un periodo variable, tras el contagio (de 7 a 14 días), el niño comienza con un cuadro catarral con gran afectación, con fiebre elevada, obstrucción nasal, tos seca y ojos rojos (conjuntivitis), que pueden ir acompañados de malestar general, dolores musculares, molestias con la luz (fotofobia) e hinchazón (edema) en los párpados. Unos 3 días más tarde aparece el sarpullido que se inicia en la cara y se va extendiendo en los 3 días siguientes hacia el cuerpo y extremidades, incluidas las palmas de las manos y las plantas de los pies. Coincidiendo con el inicio del exantema, pueden verse en la mucosa de la boca unas manchas blanquecinas que son muy típicas de la enfermedad y que pueden ayudar al diagnóstico (manchas de Koplick) aunque permanecen muy poco tiempo. En unos 4 a 6 días, el sarpullido va desapareciendo en el mismo sentido en que apareció, dejando algo de descamación. La recuperación completa se produce alrededor de los 7-10 días del inicio del exantema.

DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico debe ser confirmado por un médico, ya que suele hacerse únicamente por los signos y síntomas (la clínica) y se necesita algo de experiencia para no confundirlo con otras enfermedades. Se confirma por laboratorio mediante muestras de sangre, orina y muestra de la garganta (exudado faríngeo):
TRATAMIENTO:
No hay tratamiento específico.

En los casos típicos, el tratamiento se realiza en el domicilio y está dirigido a los síntomas, por lo que se utilizan antitérmicos para controlar la fiebre (p. ej. paracetamol), lavados frecuentes de los ojos, luz tenue (antes se ponía una luz roja en la habitación) y se aconseja ofrecer líquidos abundantes para prevenir la deshidratación. No se precisan antibióticos, a no ser que se haya surgido alguna complicación infecciosa bacteriana como la neumonía, etc.

Se debe evitar la ingesta de aspirina y jarabes con codeína en niños menores de 12 años.
COMPLICACIONES:
A pesar de que se considera una enfermedad vírica benigna, el sarampión puede provocar complicaciones incluso en niños sanos. Las más frecuentes son la otitis media, la diarrea y la neumonía, pero las más graves, aunque raras, son las que afectan al sistema nervioso central (cerebro, cerebelo, etc.) como son la encefalitis (1 de cada 1000 casos) que se presenta en las semanas siguientes al sarampión o la panencefalitis esclerosante subaguda (1 de cada 100.000), que aparece años más tarde.
Si el sarampión afecta a personas que tienen disminuidas sus defensas (inmunodeprimidas) o están desnutridas (como en países del tercer mundo), la evolución puede ser mucho más complicada e incluso, poner en peligro la vida.
PREVENCIÓN:
La mejor prevención es evitar el contagio por lo que, como los humanos somos el único reservorio del virus, si conseguimos que los niños no padezcan la enfermedad, el virus desaparecerá, como ya ha ocurrido con la viruela, otra enfermedad vírica que está erradicada.
Por el momento, la manera que tenemos de evitar que los niños padezcan el sarampión es que no entren en contacto con niños que lo padezcan y sobre todo vacunarlos.
La vacuna del sarampión se administra junto a las vacunas de otras dos enfermedades víricas: la rubeola y las paperas (parotiditis), en lo que se conoce como vacuna triple vírica. Los gérmenes que se introducen en el organismos a través de la inyección están vivos pero muy atenuados (no producen la enfermedad) de modo que permiten a los niños producir defensas (anticuerpos) frente a estas enfermedades, evitando que puedan padecerlas en el futuro. La vacuna se administra dentro del calendario vacunal en dos dosis, con la primera a partir del año de edad y la segunda un tiempo después, que puede variar desde los 3-4 años a los 11-14 años.
La vacuna es eficaz, es decir, evita la enfermedad durante el resto de la vida en más del 90 % de los niños con la primera dosis. Con la segunda dosis se consigue proteger a la mayoría de los que no quedaron protegidos con la primera. Además, la vacunación evita la aparición de las complicaciones neurológicas graves.
En algunos casos, puede haber dudas acerca de si un niño ha padecido alguna de las enfermedades contra las que protege la vacuna triple vírica. Esto no es muy importante, porque la recomendación actual es vacunar a los niños con la “triple vírica” a pesar de haber presentado alguna de las enfermedades (sarampión, rubéola o paperas).
La vacuna triple vírica, como cualquier medicamento, puede tener efectos secundarios no deseados que suelen ser leves. Los más frecuentes son molestias locales en el lugar de la inyección que aparecen el día de la administración o manifestaciones generales como fiebre o sarpullido leve (parecido al sarampión) que pueden aparecer una semana después (entre 5 y 12 días).
Aunque se ha relacionado a esta vacuna con diferentes enfermedades como autismo, diabetes, enfermedad inflamatoria intestinal, etc., no hay ninguna evidencia de tal relación, mientras que si la hay, como se ha podido comprobar en algunos países, entre la disminución de las coberturas vacunales (porcentaje de niños que han sido vacunados del total de los que debían estarlo) y la aparición de epidemias de sarampión.

En países en vías de desarrollo con problemas graves de malnutrición la administración preventiva de vitamina A, al aumentar la inmunidad o capacidad de defenderse de las infecciones, previene la mortalidad infantil por varias enfermedades infecciosas, entre ellas el sarampión.


Recomendaciones en caso de epidemia:
Niños: de 6 a 11 meses con una dosis de vacuna de sarampión-rubéola (doble viral o SR) preliminar haciendo énfasis que se debe de aplicar la dosis del esquema al año de edad; niños de 1 a 6 años que no han sido vacunados debe aplicarse vacuna sarampión-rubéola-parotiditis (Triple Viral o SRP) y a los de 7 a 39 años que no cuenten con antecedente de vacunación a partir del año 2000, se le aplicará sarampión-rubéola (doble viral o SR).
Así como a los trabajadores de: turismo, mercados, sexo comercial, de salud, del magisterio y alumnos de secundarias, preparatorias y profesionales que vivan o laboren alrededor de las áreas de riesgo.
Los adultos mayores de 40 años no ameritan vacunación porque hay una alta probabilidad de haber padecido la enfermedad y tener protección natural contra el sarampión.
Vacuna y embarazo:
En general no se ha observado que la aplicación de la vacuna provoque alguna alteración al feto o a la madre durante el embarazo, sin embargo, para evitar que algunos problemas se relacionen con la vacuna, se recomienda no aplicarla durante el embarazo, si esto llegase a ocurrir de manera accidental, no se debe practicar el aborto, será necesario estrechar la vigilancia del embarazo y de la mujer embarazada.

Laberintitis
CONSIDERACIONES GENERALES:
Los trastornos del sistema vestibular son frecuentemente llamados laberintitis por la población en general, y no es así. La laberintitis es una de las causas de los trastornos del sistema vestibular que puede originar vértigo, sensación ilusoria de movimiento, por ello no todo lo que causa vértigo, necesariamente, tiene que ser laberintitis. De 40 pacientes mensuales, evaluados con vértigo, sólo cuatro tienen laberintitis; quiere decir que la laberintitis no es tan común como se piensa.
Anatomía:
En el oído se distinguen tres partes: oído externo, que comprende el pabellón auricular (oreja) y el conducto auditivo externo; oído medio, que abarca la membrana y caja timpánica; y el oído interno que incluye el laberinto y el caracol (cóclea). El laberinto es el órgano que da información sobre los movimientos angulares y lineales a los cuales es sometido el cuerpo, permitiendo junto con los otros elementos que conforman el sistema vestibular, la postura adecuada, el equilibrio, la estabilidad ocular y la posición en el espacio. El compromiso inflamatorio del laberinto es llamado laberintitis
DEFINICIÓN:
Es la inflamación de la región laberíntica durante un proceso infeccioso agudo o crónico del oído medio que penetra hacia el laberinto a través de la ventana oval, la ventana redonda.
Es una complicación que, a pesar de lo que ha avanzado la otología, no ha desaparecido, por lo que se aconseja vigilar la función laberíntica en los oídos otorréicos ante su eventual aparición. Acostumbra a ser el primer paso a ulteriores complicaciones meningoencefálicas y deja siempre una pérdida auditiva sensorial definitiva.
CAUSAS:
No es un trastorno genético, porque depende de un proceso infeccioso adquirido. Es importante acotar las causas que producen esa inflamación o infección. El inicio de la laberintitis puede ser una simple infección del oído medio, que es la estructura vecina al laberinto, estas infecciones generalmente son producidas por virus o bacterias, donde las protagonistas son Streptococcus neumonie, Haemophylus influenza y Moraxella catahrralis, que son las mismas que producen otitis media y por continuidad afectan el laberinto.
Por ejemplo, si una persona tiene una otitis media aguda (infección del oído medio) por cercanía, esa infección, o las toxinas producidas por las bacterias que están causando esa infección, pasan a través de unas estructuras conocidas como ventana oval, llegan al oído interno, contaminan el laberinto y éste se inflama.
Otra de las formas, son casos de pacientes con otitis media crónica (otitis media de larga data con más de tres meses de evolución) en la que se genera un tejido llamado colesteatoma, producto de la inflamación crónica, que tiene la particularidad de ir destruyendo el hueso creando continuidad con el oído interno por lo que las bacterias pasan al laberinto y lo infectan.
Además de la etiología otógena, la laberintitis puede tener su etiología en una meningitis cerebroespinal o piógena (laberintitis meningógena), en una infección diseminada por vía hemática (sarampión) y en traumatismos accidentales o quirúrgicos.
SÍNTOMAS:
Sentir que rota. Las cosas dan vuelta. Tener la sensación de que el piso se mueve o se hunde. Dificultad para leer. Escuchar con dificultad. Si la mayoría de las respuestas son positivas, seguramente existe un trastorno en el sistema vestibular. La sensación de desequilibrio e inestabilidad, los movimientos oculares involuntarios, la pérdida de la audición y los pitos en el oído son los principales síntomas de la laberintitis. Este es uno de los trastornos del sistema vestibular que implica la inflamación de los canales del oído interno. No es más que un proceso inflamatorio-infeccioso del laberinto.
Tipos de laberintitis:
Laberintitis circunscrita:
Es la comunicación anormal entre el oído interno y el oído medio. También es conocida como laberintitis crónica, perilaberintitis, o fístula laberíntica.

Esta complicación es específica de la otitis media colesteatomatosa y se produce por erosión de la cápsula ótica del laberinto con exposición del endostio e irritación laberíntica. Se calcula que el 10% de los colesteatomas producen fístulas.

Las fístulas laberínticas como complicación de una Otitis Media no colesteatomatosa son muy raras.
Pueden tener también un origen postquirúrgico, inmediato o retardado, incluso muy retardado.
Estas fístulas laberínticas cuyo origen es una Otitis Media se ha de diferenciar de la fístula perilinfática postraumática de la ventana oval.
Su lugar de asentamiento más frecuente es en la eminencia ósea del CSE, situada en el antro mastoideo, pero también puede localizarse en el resto de los canales y en el promontorio. La erosión da lugar a una fístula entre la cavidad timpánica y la luz laberíntica. Actualmente se puede considerar como la complicación más frecuente de la Otitis media crónica colesteatomatosa.

Laberintitis serosa:
También denominada laberintitis aguda tóxica. Las laberintitis son clásicamente serosas antes de llegar a ser infecciosas, por tanto esta forma es considerada como de transición hacia la infecciosa o supurada.

Se trata de una inflamación intralaberíntica difusa, discreta y reversible, total o parcialmente, producida por una reacción inflamatoria de vecindad, es decir, un proceso agudo o crónico en el oído medio.

Laberintitis supurada:
También denominada aguda supurada, aguda supurada clásica, destructiva o necrosante. Su terminología ha sido siempre un tanto imprecisa. Consiste, como su nombre indica, en la invasión de los espacios laberínticos por contenido purulento, bacterias y presencia de detritus.

Se trata de un proceso muy serio que en su evolución natural conlleva la anulación irreversible del laberinto y que cursa con un síndrome vertiginoso muy acusado e hipoacusia profunda irreversible. Hoy es una complicación excepcional.

Etiología.
Puede producirse en el transcurso de una Otitis Media Aguda o de una Otitis Media Crónica, o bien establecidas ya otras complicaciones como mastoiditis o meningitis.

En la OMC colesteatomatosa, la infección se propaga desde el oído medio al laberinto por una osteítis que llega a producir efracción ósea que lo más frecuente es que sea por erosión del CSE y más raramente a través de las ventanas o del promontorio. Otras efracciones pueden ser las quirúrgicas o traumáticas.

También puede propagarse sin efracción ósea a través del ligamento de la platina del estribo.
En la meningitis se ha propuesto una vía retrógrada a través del Conducto Auditivo Interno.
Se ha descrito algún caso sin lesión parietal ni penetración microbiana, siendo la patogenia totalmente oscura a falta de una constatación anatómica.

Anatomía patológica.
En una primera fase aumenta la tensión de la perilinfa produciéndose una autentico hidrops endolinfático, encontrándose en el líquido gérmenes, leucocitos y aumento de proteínas. En una segunda fase la infección forma una colección purulenta en el oído interno. Este empiema provoca la destrucción de los epitelios neurosensoriales de la cóclea y del laberinto posterior, lo que conlleva a la pérdida de la función vestibular y cofosis. Finalmente hay una tercera fase de cicatrización, es la de las lesiones sensoriales, pues se presenta una necrosis de las partes blandas del laberinto y unas lesiones óseas que consisten en aparición de hueso neoformado. La curación pasa a través de la pérdida de funciones.
Síntomas:
Se caracteriza por la aparición, en un paciente aquejado de un proceso ótico previo, de crisis vertiginosas, nauseas, vómitos y agravación de la hipoacusia que pasa a ser de tipo perceptivo. Los acúfenos pueden o no estar presentes. Siempre hay otorrea purulenta. Es un síntoma de estado grave.

Los vértigos son violentos y acompañados de intensa sintomatología vegetativa. Nistagmo hacia el lado sano, de tipo destructivo.

Hipoacusia profunda o cofosis.
Frecuente asociación de otras complicaciones endocraneales.
Aparece un nistagmo en la exploración que es de tipo ablativo, paralítico o de destrucción, es decir, hacia el lado sano, hacia el oído no afectado.


DIAGNÓSTICO:
Se hace sobre la base clínica y antecedentes del paciente: Que haya tenido una infección respiratoria superior, un dolor de oído, gripe fuerte, fiebre, malestar, mareos o vértigo, sensación de que todas las cosas se mueven a su alrededor y además no escucha bien (hipoacusia), permiten inferir que esa persona pudiera tener una laberintitis. Esto se puede corroborar con la evaluación clínica, al examinar al paciente se constatan signos de otitis media y trastornos del equilibrio, complementado con exámenes de laboratorio que revelan si se está en presencia de un proceso infeccioso, viral o bacteriano.
Otros exámenes:
• La audiometría permite conocer el umbral auditivo del paciente y finalmente si es necesario, se puede realizar la tomografía axial computarizada de oído medio y mastoides (TAC).
• La electronistagmografía permite ver cómo está el funcionamiento del sistema vestibular, y no debe realizarse en la fase aguda de la enfermedad. Sólo en casos específicos se hace la resonancia magnética cerebral, que es un estudio más completo, especialmente cuando se sospecha de complicaciones intracraneales de otitis media. Por ejemplo meningitis y absceso cerebral.
Diagnóstico diferencial con la enfermedad de Meniére:
Entre ambos procesos puede existir una relación. El hidrops ha podido ser constatado en temporales afectados por una OMC. Pueden darse casos de OMC que presentan una sintomatología cócleo-vestibular fluctuante, habiéndose comprobado mediante estudio anatomopatológico la existencia de lesiones características del hidrops con predominio en la zona apical. El mecanismo fisiopatológico de este cuadro se basa en el paso de productos enzimáticos a través de la ventana oval. La fístula puede cursar con un agravamiento de la hipoacusia, acúfenos, sensación de plenitud ótica y diploacusia, sintomatología que hace pensar siempre en un Meniére. La hipoacusia, al contrario que en el Meniére suele ser de predominio en agudos.
TRATAMIENTO:
Se deben tomar en cuenta los medicamentos para tratar la infección e inflamación, y los sedantes vestibulares, que controlan el trastorno del equilibrio que comúnmente tiene la laberintitis; el tratamiento quirúrgico se reserva para los casos de otitis media crónica colesteatomatosa.

En general el antibiótico constituye la primera droga de elección y este va a depender del tipo de bacteria que exista en esa laberintitis o en ese compromiso del laberinto.

La precocidad del tratamiento es muy importante en el pronóstico, si el tratamiento se inicia con celeridad y en forma adecuada este trastorno tendrá una buena recuperación.
El tratamiento quirúrgico es requerido:

• Cuando es producida por una OMA y no hay respuesta al tratamiento. Cuando aparecen complicaciones endocraneales.

• Cuando es producida por una OMC, no debe de realizar laberintectomía en caso de que quede algún resto auditivo.
• Timpanoplastia, si existe colesteatoma.
• Mastoidectomía cuando la laberintitis está producida como complicación de una mastoiditis.


EVOLUCIÓN:
La resolución de la inflamación es lo más frecuente que acarree daño permanente por fibrosis y neoformación ósea (laberintitis osificante).

Muchos autores afirman que no es posible diferenciar entre una laberintitis serosa de una supurada hasta valorar el estado cócleo-vestibular a posteriori, es decir, si existe o no reversibilidad en la audición. Aunque excepcionalmente, puede evolucionar produciendo una difusión endocraneal de la infección, originando una meningitis o un absceso endocraneal.


PREVENCIÓN:
• Evitar los procesos infecciosos en el oído medio

• Controlar las alergias y las hipertrofias (crecimiento) de amígdalas y adenoides para garantizar una buena ventilación de la vía aérea superior

• Hacer ejercicios
Cuando ya se tiene es recomendable:

• Práctica de ejercicios especializados para lograr la recuperación funcional del sistema vestibular

• Disminuir los niveles de estrés
• Practicar cualquier deporte o modalidad que proporcione paz y tranquilidad
• Evitar estar sentado o tumbado con la cabeza quieta, esto puede prolongar y hasta impedir el proceso de recuperación
• Evitar en la fase aguda leer, las luces brillantes y los movimientos bruscos
• Evitar tratamientos prolongados con sedantes vestibulares
• Mantener cierto grado de reposo; no es recomendable, por ejemplo, manejar.








Enfermedades Parasitarias

Ascariasis

Es una infección causada por el parásito nematelminto Ascaris lumbricoides.

Causas
Las personas contraen ascariasis al consumir alimentos o bebidas contaminados con huevos de áscaris. Es la más común de las infecciones por lombrices intestinales y está relacionada con una higiene personal deficiente y condiciones sanitarias precarias. Las personas que viven en lugares donde se utilizan heces humanas como fertilizante también están en riesgo de padecer esta enfermedad.
Una vez consumidos, los huevos se incuban y liberan áscaris inmaduros llamados larvas dentro del intestino delgado. Al cabo de unos días, las larvas migran luego a través del torrente sanguíneo hasta los pulmones, suben a través de las vías respiratorias grandes de estos órganos, son ingeridas de nuevo hacia el estómago y llegan al intestino delgado.
A medida que las larvas se desplazan a través de los pulmones, pueden causar una forma infrecuente de neumonía llamada eosinofílica. Una vez de vuelta en el intestino delgado, las larvas maduran hasta convertirse en áscaris adultos. Las lombrices adultas habitan en el intestino delgado donde depositan huevos que están presentes en las heces. Pueden vivir de 10 a 24 meses.
Se calcula que hay mil millones de personas infectadas en todo el mundo. Si bien la ascariasis se presenta en todas las edades, los niños parecen resultar afectados con mayor intensidad que los adultos.
Síntomas
La mayoría de las veces no hay síntomas, pero cuando se presentan pueden abarcar:
·                     Expectoración hemoptoica
·                     Tos
·                     Fiebre baja
·                     Expulsión de lombrices en las heces
·                     Dificultad para respirar
·                     Erupción de la piel
·                     Dolor de estómago
·                     Vómito con lombrices
·                     Sibilancias
·                     Expulsión de lombrices por la boca o la nariz

Pruebas y exámenes
La persona infectada puede mostrar signos de desnutrición. Los exámenes para diagnosticar esta afección abarcan:
·                     Radiografía del abdomen u otros exámenes imagenológicos
·                     Hemograma completo
·                     Conteo de eosinófilos
·                     Examen de parásitos y huevos en las heces
Tratamiento
El tratamiento incluye medicamentos que paralizan o matan las lombrices intestinales, como albendazol o mebendazol. Estos fármacos no deben usarse en pacientes embarazadas. El embonato de pirantel es el medicamento preferido para estas pacientes.
Si se presenta obstrucción del intestino causada por un gran número de lombrices, se puede utilizar una endoscopia para eliminar los huevos. En raras ocasiones, se necesita una cirugía.


Expectativas (pronóstico)
La mayoría de las personas se recupera de los síntomas de la infección, incluso sin tratamiento, aunque pueden seguir portando las lombrices en el cuerpo.
Las complicaciones pueden ser provocadas por lombrices adultas que migran a ciertos órganos como las vías biliares, el páncreas o el apéndice. Si las lombrices se multiplican, pueden bloquear el intestino.
Posibles complicaciones
·                     Obstrucción de las secreciones del hígado (vías biliares).
·                     Bloqueo en el intestino.
·                     Orificio (perforación) en el intestino.

Cuándo contactar a un profesional médico
Consulte con el médico si tiene síntomas de ascariasis, particularmente si han viajado a áreas de alto riesgo. Igualmente consulte si los síntomas empeoran, no mejoran con el tratamiento o si aparecen nuevos síntomas.

Prevención
El mejoramiento de las condiciones sanitarias y de higiene en los países en vías de desarrollo reducirá el riesgo en esas zonas. En las zonas donde es común esta enfermedad, se puede recomendar un tratamiento de rutina o preventivo (profiláctico) con desparasitantes.

Babesiosis




¿Qué es la babesiosis?

La babesiosis es una infección poco frecuente de la sangre provocada por un parásito que vive en algunas garrapatas. Por lo general, las garrapatas del ciervo portan el parásito que provoca esta enfermedad.
Las infecciones de babesiosis son más comunes en los animales que en los seres humanos, pero se han informado casos en partes de los Estados Unidos. La babesiosis se ha informado, la mayoría de las veces, en las áreas del noreste y la región central superior del país, en especial, a lo largo de las costas.

Síntomas
¿Cuáles son los síntomas de la babesiosis?

Algunas personas que tienen babesiosis podrían no tener síntomas. Cuando se producen los síntomas, a menudo, son similares a los síntomas de la gripe e incluyen:
         Fiebre (tan alta como 104 °F).
         Escalofríos.
         Sudoración.
         Debilidad.
         Fatiga.
         Dolores articulares y musculares.
         Pérdida del apetito.
         Dolor de cabeza.
La babesiosis puede afectar a personas de todas las edades, pero la mayoría de las personas que la desarrollan tienen entre 40 y 60 años.

Causas y factores de riesgo
¿Quiénes tienen babesiosis?

Las personas que pasan tiempo en áreas donde las garrapatas son comunes (ya sea por trabajo o por actividades recreativas) tienen un riesgo más alto de desarrollar enfermedades transmitidas por las garrapatas. Por lo general, las garrapatas esperan cerca de la parte superior de los pastizales y arbustos bajos a que personas o animales rocen aquella parte. A menudo, las garrapatas se trepan por la ropa o los cuerpos de las personas durante varias horas o más antes de adherirse a la piel.
Diagnóstico y pruebas
¿Cómo puede determinar mi médico si tengo babesiosis?
Su médico necesitará realizar análisis de sangre para ver si tiene esta enfermedad. Su médico también podría realizar análisis de sangre para buscar otras infecciones que las garrapatas pueden portar.
Tratamiento
¿Cómo se trata la babesiosis?

En las personas que tienen sistemas inmunitarios sanos y solo casos leves de babesiosis, por lo general, no se necesita tratamiento. El cuerpo combate la infección por sí solo.
A las personas que tienen un caso más grave de babesiosis, por lo general, se las trata con 2 tipos de antibióticos. Si usted desarrolla falta de aire o cualquier otro síntoma después de empezar a tomar los antibióticos, informe a su médico de inmediato.
Algunas personas que tienen casos muy graves de babesiosis o sistemas inmunitarios débiles necesitan ir a un hospital para recibir tratamiento.


Prevención
¿Cómo puedo prevenir las enfermedades transmitidas por las garrapatas?

La mejor manera de prevenir las enfermedades transmitidas por las garrapatas es evitar ser picado por garrapatas. Cuando esté al aire libre, siga estas pautas:
1.    Use repelentes de garrapatas de acuerdo con las instrucciones para ayudar a prevenir picaduras. Use un repelente de insectos que contenga del 20% al 30% de N, N-dietil-meta-toluamida (DEET, por sus siglas en inglés). Los repelentes de garrapatas que contienen DEET pueden colocarse directamente en la piel o en la ropa antes de dirigirse a las áreas infestadas por las garrapatas. Aplique el DEET con moderación en la piel, de acuerdo con las instrucciones en la etiqueta. No lo aplique en la cara ni en las manos de los niños y no lo use en lactantes menores de 2 meses. Los repelentes que contengan permetrina deben colocarse solo en la ropa. Asegúrese de hablar con su médico antes de aplicar algún repelente de garrapatas a su hijo. Su médico puede brindarle más información sobre qué tipo y concentración de repelente es seguro usar.
2.    Use ropa de color claro que cubra la mayor parte de la piel cuando vaya al bosque o a un área cubierta de césped y arbustos. Esto hace que ver y quitar las garrapatas de la ropa sea más fácil. Use una camisa de mangas largas y pantalones largos en lugar de pantalones cortos. Coloque las piernas de los pantalones dentro de los calcetines o las botas para tener una mayor protección. Recuerde que, por lo general, las garrapatas se encuentran cerca del suelo, en especial, en áreas húmedas y con sombra. Revise todo su cuerpo para ver si tiene garrapatas después de haber estado en áreas infestadas por garrapatas y haga lo mismo con sus hijos y mascotas. Los lugares comunes de las picaduras de garrapatas incluyen la parte posterior de las rodillas, el área de la ingle, las axilas, las orejas, el cuero cabelludo y la nuca.
3.    Quite cualquier garrapata adherida lo antes posible. Para quitar una garrapata adherida, use pinzas finas para sujetar la garrapata firmemente por la cabeza (o tan cerca de la cabeza como sea posible) y tire. No use calor (como un fósforo encendido), vaselina ni otros métodos para intentar hacer que la garrapata "salga" por sí sola. Estas no son maneras eficaces de quitar una garrapata.
4.    Lave bien el área donde estaba adherida la garrapata con agua y jabón. Observe el área durante algunas semanas y anote cualquier cambio. Usted debe llamar a su médico si desarrolla un sarpullido alrededor del área donde la garrapata estaba adherida. Asegúrese de informar a su médico que lo picó una garrapata y cuándo sucedió. Solo las personas que se enferman y/o tienen sarpullido después de haber sido picadas por una garrapata necesitan antibióticos. Si a usted lo pica una garrapata y no se enferma ni tiene sarpullido, no necesita antibióticos.

Es una infección causada por el gusano Equinococcus granulosus o Echinococcus multilocularis.
Causas, incidencia y factores de riesgo
El equinococo es común en:
·                     África
·                     Asia central
·                     Sur de Suramérica
·                     El Mediterráneo
·                     El Medio Oriente
En los Estados Unidos, esta enfermedad es muy poco común, sin embargo, ha sido detectada en California, Arizona, Nuevo México y Utah.
Los seres humanos resultan infectados cuando ingieren los huevos en alimentos contaminados. La infección llega al hígado en donde se forman los quistes. Los quistes se pueden formar igualmente en:
·                     El cerebro
·                     Los huesos
·                     El riñón
·                     Los pulmones
·                     Los músculos esqueléticos
·                     El bazo
Los factores de riesgo abarcan el hecho de estar expuesto a:
·                     Ganado
·                     Venados
·                     Exposición a las heces de perros, lobos o coyotes
·                     Cerdos
·                     Ovejas
Síntomas
Un quiste hepático puede permanecer asintomático entre 10 a 20 años hasta que crece lo suficiente como para ser palpado durante un examen físico.
Los síntomas abarcan:
·                     Dolor en la parte superior derecha del abdomen
·                     Esputo con sangre
·                     Dolor torácico
·                     Tos
·                     Fiebre
·                     Prurito cutáneo severo
Signos y exámenes
Un examen físico puede mostrar signos de:
·                     Dolor abdominal
·                     Problemas con la piel y otros órganos
·                     Shock
Los siguientes exámenes se pueden llevar a cabo para encontrar los quistes:
·                     Ecografía o tomografía computarizada abdominal
·                     Radiografía abdominal
·                     Exámenes de sangre
·                     Radiografía de tórax
·                     Pruebas de función hepática
·                     Ecografía o tomografía computarizada del tórax
Con mucha frecuencia, la equinococosis se descubre accidentalmente cuando se hace un estudio imagenológico por otra razón.
Tratamiento
Muchos pacientes se pueden tratar con albendazol o mebendazol, medicamentos que con frecuencia se utilizan hasta por tres meses. El prazicuantel es otro medicamento que puede servir en combinación con los dos anteriores.
De ser posible, los quistes se pueden eliminar con cirugía, la cual puede ser complicada.
Expectativas (pronóstico)
El resultado probable es bueno si los quistes responden al medicamento oral.
Complicaciones
Los quistes se pueden romper y causar una enfermedad grave, incluyendo:
·                     Fiebre
·                     Presión arterial baja
·                     Shock
Los quistes también se pueden propagar por todo el cuerpo.
Situaciones que requieren asistencia médica
Consulte con el médico si desarrolla síntomas de este trastorno.
Prevención
En las áreas donde se sabe que se presenta esta enfermedad, la educación en salud y la eliminación rutinaria de equinococos de los perros pueden ayudar a prevenir la enfermedad

Larva migratoria





Es una infección en humanos con larvas (gusanos inmaduros) del anquilostoma de perros o gatos.
Causas
Los huevos de anquilostoma se encuentran en las heces de gatos y perros infectados. Cuando los huevos eclosionan, las larvas infestan cualquier suelo y vegetación contaminados.
Cuando usted entra en contacto con este suelo infestado, las larvas se pueden enterrar en la piel y causan una respuesta inflamatoria intensa que lleva a que se presente erupción y una fuerte picazón.
La larva migratoria es más común en países con climas cálidos y afecta más a los niños que a los adultos. En los Estados Unidos, los estados del sudeste presentan las tasas más altas de infección. El principal factor de riesgo para esta enfermedad es el contacto con suelo arenoso y húmedo contaminado con heces de gato y perro.
Síntomas
·                     Ampollas.
·                     Picazón que puede ser más intensa en la noche.
·                     Huellas elevadas en la piel similares a una serpiente que se pueden diseminar con el tiempo, por lo regular aproximadamente 1 cm por día (las infecciones intensas pueden causar varias huellas) y por lo general ocurren en los pies y en las piernas.

Pruebas y exámenes
El médico generalmente a menudo puede diagnosticar esta afección al examinar la piel. En raras ocasiones, se hace una biopsia de piel para descartar otras afecciones. En contadas ocasiones, se hace un examen de sangre para ver si usted tiene un incremento de eosinófilos.
Tratamiento
Se pueden usar antiparasitarios como tiabendazol, albendazol o ivermectina para tratar la infección.
Expectativas (pronóstico)
La larva migratoria con frecuencia desaparece por sí sola al cabo de semanas o meses. El tratamiento ayuda a que la infección desaparezca más rápidamente y es eficaz.
Posibles complicaciones
·                     Infecciones cutáneas bacterianas causadas por el rascado.
·                     Diseminación de la infección a través del torrente sanguíneo a los pulmones o al intestino delgado (poco común).
Cuándo contactar a un profesional médico
Solicite una cita con el médico si usted o su hijo presenta lesiones cutáneas en forma de serpiente, que producen picazón y se mueven de un área a otra.
Prevención
La higienización pública y la desparasitación de perros y gatos ha disminuido la infestación por anquilostoma en los Estados Unidos.
Las larvas de anquilostoma a menudo ingresan al cuerpo a través de los pies descalzos, así que el uso de calzado en las áreas donde se sabe que se presentan las infestaciones por anquilostoma ayuda a prevenir la infección.

 Enfermedades bacterianas

Difteria


Es una enfermedad infectocontagiosa grave que se caracteriza por la presencia de falsas membranas blanquecinas, principalmente en la garganta (amígdalas y faringe). Es más común en la segunda infancia y en la adolescencia, y raramente ataca a los adultos.

Agente etiológico (causante)
Es una bacteria alargada conocida como bacilo diftérico o bacilo de Loeffler, que se localiza en las falsas membranas. Este bacilo segrega toxinas, que se difunden por todo el organismo y causan la enfermedad.
Contagio
El contagio es directo cuando se produce por las microgotas de saliva del enfermo o del convaleciente que contienen trocitos microscópicos de membrana con bacilos, y que son expulsados al hablar, con la tos o con el estornudo.
La transmisión también puede ser indirecta, a través de ropas u otros objetos que hayan estado en contacto con los enfermos.
Síntomas generales
La incubación es corta, dura de 1 a 3 días. Luego aparece un ligero estado febril ( 37 a 37,5º) que desemboca en una angina, la cual se recubre de la falsa membrana típica. Poco a poco ésta va invadiendo toda la garganta (amígdalas, úvula, velo del paladar)  y se hace cada vez más gruesa. Se inflaman los ganglios del cuello, la fiebre se eleva y la deglución es dolorosa.
Algunas veces, en el curso de la convalecencia se presentan complicaciones graves como el “crup diftérico”, que puede provocar la muerte por asfixia.
La inmunidad que confiere esta enfermedad es transitoria.

Tratamiento
El aislamiento del enfermo debe ser riguroso, así como la desinfección de todos los objetos que están en contacto con él.
Se dispone de suero y vacuna antidiftéricos, que se aplican, según los casos, como curativo o como preventivo. La revacunación es imprescindible por la corta duración de la inmunización.
Existe una reacción, llamada reacción de Schick, que permite conocer al grado de receptibilidad del individuo con respecto a la enfermedad. Consiste en una inyección intradérmica de una pequeña dosis de toxina diftérica. Si pasadas las veinticuatro horas de aplicada aparece alrededor de ella una inflamación que persiste algunos días, la reacción es positiva e indica que el sujeto puede contraer la difteria. Si, por el contrario, no aparece ningún síntoma, está inmunizado.

Leptospirosis
Es una enfermedad producida por la bacteria Leptospira y el contagio se produce por zoonosis: de los animales (ratas, gatos, perros) al hombre.
Se produce esta enfermedad por la Lectospira icterohaemorrhagiae, que mide 6 a 10 micras de longitud. Crece con bastante facilidad en terrenos constituidos por suero cubierto de aceite de vaselina, en un ambiente cuya temperatura oscila entre limites muy amplios (entre 10º y 40º C, siendo los 30º C la temperatura óptima) y ligeramente alcalino (pH 7,4).
Es patógena para la rata, el perro y, sobre todo, para la cobaya, utilizada en el diagnóstico biológico de la enfermedad.


Epidemiología
Es una enfermedad cosmopolita que se conoce en todas las latitudes. Entre las causas predisponentes tienen notable importancia las ambientales, ya que el agente patógeno se adapta bastante bien al ambiente externo y también puede multiplicarse por el agua en los terrenos fangosos y húmedos. Por ello están particularmente expuestos a la infección todos aquellos que, por motivos profesionales, se encuentran en contacto con el agua en estado superficial, como los arroceros, los que trabajan en las cloacas, en cenagales, en las minas con alto índice de humedad o en las plantaciones tropicales.
La principal fuente de infección para el hombre la constituyen las ratas, que contraen infecciones crónicas y pueden infectarse fácilmente entre sí por contagio directo.
Vector peligroso.
La vía de ingreso en el organismo humano suele ser la mucosa, especialmente oral, y también la vía cutánea, a través de pequeñas soluciones de continuidad de la epidermis. La única vía de eliminación importante, desde el punto de vista epidemiológico, es la urinaria.
Síntomas
Después de un periodo de incubación de entre 8-10 días, la enfermedad se inicia con fiebre continua o remitente, acompañada de cefalalgia, mialgias y dolores en los huesos. Al cabo de 4-6 días, la fiebre disminuye y aparece la ictericia, acompañada de fenómenos hemorrágicos en correspondencia con la piel, con las mucosas y con los órganos internos.
El cuadro clínico se completa con una hepatosplenomegalia (aumento del tamaño del higado y del bazo) muy pronunciada por la aparición de albuminuria (albúmina en la orina), cilindruiria (cuerpos cilíndricos en la orina) y hematuria (sangre en la orina) que ponen de manifiesto la participación renal en el proceso morboso; además, pueden presentarse manifestaciones nerviosas y cardiorrespitatorias.
En los casos graves, la muerte sobreviene por coma y anuria (supresión de orina); con frecuencia la sintomatología se resuelva espontáneamente, con progresiva atenuación del cuadro clínico.
Vasculitis por leptospirosis.
Diagnóstico
Además de la utilidad que prestan los criterios clínicos y epidemiológicos, el diagnostico se basa en el examen investigador de la leptospira, que se efectúa en la sangre del enfermo durante la primera semana de enfermedad, y luego en la orina, ya que la eliminación del agente patógeno a través de esta ultima se inicia en la segunda semana.
Se puede recurrir al serodiagnóstico de Martín y Pettit, haciendo pruebas con el suero del enfermo mediante cultivos también recientes de leptospiras en terreno liquido.
Tratamiento
Se basa, sobre todo, en empleo de penicilina a dosis elevadas; los antifebrífugos, analépticos, sedantes y extractos corticosuprarrenálicos están indicados para la terapéutica sintomática. Luego, el tratamiento de la insuficiencia hepática requiere la administración de glúcidos en abundante cantidad (por inyección venosa), de extractos hepáticos y de vitaminas. También la insuficiencia renal se beneficia de la aportación de glúcidos en soluciones hipertónicas.

Tos convulsiva o Tos ferina
Es una enfermedad de la infancia, muy contagiosa, que ataca a las vías respiratorias y se caracteriza por típicos accesos de tos. La frecuencia de la enfermedad es mayor en el invierno.
Agente etiológico
El agente causal es el Haemophilus pertussis, bacilo esférico (cocobacilo). Al producirse los primeros síntomas los gérmenes se agrupan en la mucosa respiratoria.
Contagio
Por tratarse de una enfermedad sumamente contagiosa, el contagio se realiza por vía directa, principalmente por las gotitas de Flügge, o por vía indirecta, mediante objetos contaminados.
La contagiosidad es mayor durante la fase inicial catarral, antes que se declaren los accesos de tos. Esto contribuye a aumentar el contagio.
Síntomas generales
Después de una incubación de alrededor de dos semanas se inicia el período catarral, que se confunde con un resfrío común. Estos síntomas duran de diez a catorce días para continuar con el período convulsivo, que se caracteriza por los inconfundibles accesos de tos, a causa de los cuales el niño queda exhausto y fatigado, y con dificultades respiratorias. Estos accesos en algunos casos van acompañados de vómitos. La complicación más común es la neumonía.
Tratamiento
Es fundamental el aislamiento del paciente en la fase catarral del proceso, aunque esto resulta difícil porque el diagnóstico precoz es casi imposible por su similitud con el resfrío común.
Una vez desencadenada la enfermedad es conveniente una buena desinfección para evitar el contagio de otros niños, ya que el de los adultos es muy raro.
La enfermedad confiere una inmunidad duradera, pero las vacunas otorgan una inmunidad parcial. A pesar de ello su aplicación con fines preventivos debe ser obligatoria para disminuir los casos y la gravedad de la enfermedad.


Tuberculosis




Es una enfermedad infectocontagiosa que evoluciona en brotes sucesivos, a veces con años de intervalo. Se caracteriza por la formación en el organismo detubérculos, en los cuales se encuentran los agentes causales.
Existen varias formas de tuberculosis, todas de ellas causadas por el mismo agente patógeno. La más frecuente es la tuberculosis pulmonar, que se registra en el noventa por ciento de los casos.
Agente etiológico
Es una bacteria alargada, a la que se denominó bacilo de Koch en homenaje a su descubridor, el médico y bacteriólogo alemánRobert Koch (1843-1910), quien también aisló el bacilo del cólera.
Este microorganismo se encuentra en abundancia en las expectoraciones (saliva y esputos) y deyecciones (orina y heces) de los enfermos. Es muy resistente, pero el calor húmedo y los rayos ultravioletas lo destruyen fácilmente, en tanto que la luz solar disminuye su virulencia.

Mycobacterium tuberculosis o bacilo de Koch.
Contagio
En la mayoría de los casos, el contagio directo se produce por vía pulmonar al inhalar aire con bacilos emitidos por la tos o los estornudos de los enfermos, o por el polvo atmosférico contaminado. También pueden ingerirse junto con alimentos contaminados; en este caso la infección se produce por vía digestiva.
El contagio es de hombre a hombre o de los animales al hombre, ya que algunos de ellos (vacas, cerdos, perro, gatos, aves) pueden tener tuberculosis. El contagio de los animales al hombre puede ser directo, como en el caso de las personas que conviven con animales tuberculosos.
El contagio indirecto se produce a través de objetos tocados por enfermos o de alimentos contaminados por las moscas o que procedan de animales tuberculosos.
Síntomas generales

La tuberculosis evoluciona en tres fases:
Primera fase: Corresponde a la entrada de los bacilos en el organismo, que como vimos, puede producirse por vía pulmonar o digestiva. Es la primoinfección, y no se acompaña de síntomas de enfermedad. Si el organismo no está debilitado, las defensas propias (glóbulos blancos) forman alrededor de ellos una barrera cuya pared se calcifica y da lugar al tubérculo o nódulo. Después de un tiempo puede curar.
Segunda fase: Es la diseminación del bacilo por vía sanguínea. Se presentan trastornos diversos como fiebre y congestión pulmonar, que si son bien tratados, se siguen de la curación.
Tercera fase: Algunas veces los bacilos se localizan en distintos órganos para “despertar” cuando las defensas naturales del individuo ceden por debilitamiento, exceso de fatiga y otras enfermedades. Aparecen entonces lesiones, principalmente en los pulmones, aunque a veces afectan las meninges, el intestino, el riñón, los huesos, los ganglios, la laringe o la piel.
La tuberculosis pulmonar, llamada tisis, es la más común y se caracteriza por tos seca, adelgazamiento inexplicable, palidez, ojos brillantes y elevación de la temperatura por las tardes seguida de transpiración nocturna. El estudio radiográfico de los pulmones demuestra la presencia de cavidades o cavernas, que se producen cuando los bacilos localizados en el interior de los tubérculos ablandan la capa protectora y quedan en libertad.
Estos bacilos forman nuevos focos infecciosos, que originan tubérculos y luego cavernas. De tal modo el tejido pulmonar desaparece poco a poco y la infección va en aumento. Esa sustancia blanda, cargada de bacilos, puede ser expulsada al exterior con los esputos. Según el grado de destrucción pulmonar, puede contener sangre.

La tuberculosis no es una enfermedad hereditaria, pero los hijos de padres tuberculosos tienen una predisposición a contraer la enfermedad. Los recién nacidos de madre tuberculosa son normales, aunque están amenazados de rápido contagio, por lo que es conveniente separarlos de su madre.


Tratamiento
La enfermedad se impide por medio de una buena higiene general (viviendas limpias y soleadas), alimentación suficiente y adecuada, salario decoroso, seguro social que ampare a los enfermos y cumplimiento de preceptos higiénicos tales como no salir en el suelo.
El alcoholismo y el tabaquismo también son causas predisponentes porque disminuyen las defensas propias del organismo.
Los exámenes radiográficos frecuentes, la vacunación y la cutirreacción contribuyen a la erradicación de esta temible enfermedad.
La vacuna antituberculosa o BCG se administra por vía bucal a los recién nacidos antes de los diez días de vida y al ingresar a la escuela primaria.
Actualmente, cuando se diagnostica a tiempo, la enfermedad es completamente curable puesto que existen medicamentos muy eficaces para su tratamiento.